“Pero cuando se vio en angustia, oró a Jehová, su Dios, y se humilló profundamente en la presencia del Dios de sus padres. Oró a él, y fue atendido, pues Dios oyó su oración y lo hizo retornar a su reino en Jerusalén. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios.” 2 Crónicas 33:12-13
¿Qué pensamos?, que cuando alguien está en angustia, ¿no debe buscar a Dios? Es lo que hemos oído de mucha gente que critica cuando los que están en tribulación vuelven sus ojos al Creador. ¡Tenía que llegar a la cárcel para empezar a leer la Biblia!, ¿por qué no lo hizo cuando estaba libre? Tenían que enfrentar esa enfermedad de la mamá para que todos empezaran a asistir a la iglesia. ¿Ven?, ahora que lo(a) dejó el cónyuge ¡va a todas las células a que la invitan! Y así es, por eso el salmista David dijo en el salmo 18:6, “En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos.” Es en la angustia cuando la gente vuelve sus ojos a Dios, y prestemos atención, Él los oye. ¿Siempre?, meditemos sobre esto tomando como base la historia de este rey de Israel de nombre Manasés e hijo del rey Ezequías. Manasés al contrario que su padre, hizo lo malo delante de Jehová: “Manasés hizo extraviar, pues, a Judá y a los habitantes de Jerusalén, para que hicieran mayores males que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.”
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