“Pero él con mayor insistencia decía: -Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.” “Entonces todos los discípulos, dejándolo, huyeron.” Marcos 14:31 y 50
Solo unas horas pasaron entre el versículo 31 y el 50, el primero sucede cuando Jesucristo le anuncia a Pedro que lo negaría, y todos los demás, pues se subieron al barco de Pedro. Posiblemente cuando huyeron los discípulos se recordaron de la parábola que les contó el Maestro y que Mateo narró en el capítulo 21 de su evangelio. Eran dos hermanos, contó Jesús, a los dos mandó su padre a trabajar a la viña, el que dijo que iría no fue, y el que dijo que no iría fue. Ellos dijeron que morirían con su Maestro y a las primeras de cambio huyeron. Pero, notemos que cuando Jesús le anuncia la traición a Pedro, está hablando con él, en forma particular, no con los demás, pero tal y como somos los humanos, nos subimos al barco que no nos corresponde. La conversación era con Pedro, él le refuta al Maestro que “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.” Los demás podían haberse quedado callados, no era con ellos, pero no, ¡tenían que hablar!, porque quedarse callado ante el trato de Dios con otro, es muy difícil para nosotros: adoptamos la promesa del otro, iniciamos la misma actividad, lo criticamos descalificándolo o, lo que es peor, lo juzgamos, o dicho en otra forma, ¡nos subimos al barco de otro! Meditemos sobre esto.
El problema surge cuando prometemos lo que no vamos a cumplir. Eso precisamente fue lo hizo el hijo que dijo sí iría a trabajar a la viña del papá, ¡yo voy!, y luego no fue. El otro hijo, no prometió, pero, cuando llegó el momento sí fue. El Maestro pregunta, “¿Quién hizo la voluntad de su padre?”, claro la respuesta es obvia, él que fue. Esta es una costumbre que debemos dejar: estar prometiendo lo que no podemos cumplir y que, es más, sabemos que no lo haremos, o sea que actuamos con premeditación. ¿Cuántos padres de familia prometen y no cumplen?, ¿Cuántos amantes prometen y fallan?, ¿Cuántos hijos llenan de promesas a sus padres que luego usan para adornar sus tumbas?, y, ¿los políticos?, ¡son expertos en promesas no cumplidas! Lo grave es que nos acostumbramos a prometer y no cumplir a quienes vemos, y luego, lo hacemos con Dios al que no vemos. ¡Uff!, ¡vaya realidad!
Hoy, si bien volvemos a tratar el tema de las promesas hechas por apuro, por la emoción del momento y, por favor atendamos, por salir del paso con intenciones premeditadas, el tema central son las promesas y actuaciones cuando se sube al barco que no corresponde.
Es fácil caer en este error por no ser originales en nuestras actuaciones: parados enfrente del escenario ajeno cuando sentimos, ¡nos subimos al barco del otro! Hay muchas formas de hacerlo, la primera, es la que protagonizaron el resto de los discípulos. Jesús le anuncia a Pedro que lo negaría, y como podemos observar en el capítulo 21 de San Juan, Jesucristo tenía un trato personal con él, solo con él. Cuando ya resucitó, sostiene una conversación con Pedro que al final de la misma, el apóstol se da cuenta que es continuación de la que inició cuando le anunció la negación. “Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez: ‘¿Me quieres?’, y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.” Notemos que es con Pedro, no con los demás, ¡Palmo de narices! A Pedro le anunció la negación y a él mismo le preguntó tres veces, “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que a estos?” Los discípulos han de haber pensado: ¡Para qué abrimos la boca!
Hay otras formas, como el imitar el ministerio de otro, y luego lamentarse por no cosechar los mismos resultados. El criticar y juzgar la actividad de otro, hace caer en ser juzgado y medido con la misma vara, y lo peor, sin haber desarrollado ninguna actividad. ‘Subirse en el barco de otro’ sin necesidad es cosechar la victoria o derrota del otro, la victoria como carga y la derrota bajo el régimen de ‘yo no fui’. Si el resto de los discípulos no abren la boca, de todos modos huyen, pero sin el agravante de la promesa ligera.
Y tú, ¿vives tu historia? Oscar Eugenio Dubon Palma, el tal Tachus, por eso es mejor callar. ç
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2 Respuestas
Wuaoooo¡¡¡¡
tremendo articulo……
saben es la puritica verdad. Que tan cierto es vivir en nuestro mundo y no vivir pendiente ni meternos en lo que no nos incumbe.
Dios los bendiga y que buena onda esta radio¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Publicado el 21 Enero, 2010 a las 10:49 pm
Gracias por escribir José… Estamos trabajando para brindarte más temas de interes, agradecemos el que seas Otra Onda… Dios te bendiga…
Publicado el 22 Enero, 2010 a las 12:29 pm
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