1. Los niños son muy inquietos y traviesos, no debe sorprendernos que regresen del colegio o del parque con una herida producida por un raspón o un corte. Por más pequeños que sean y sin alarmarse, siempre deben ser tratados por el peligro de infectarse. Recuerda que los niños, con o sin heridas, seguirán jugando y allí es donde surgen las infecciones.
2. Toda herida común primero debe lavarse con un desinfectante, con agua salada lo más caliente que se pueda (1/2 litro de agua y 4 cucharitas de sal de mesa), o con agua hervida y jabón.
Procura retirar toda la tierra o suciedad presente en la herida, si fuera necesario, ayúdate con gasas o pinzas (las de depilar, previamente desinfectada con un poco de alcohol), para evitar que se presente alguna infección.
3. Luego, aplica un ungüento antibiótico o antiséptico. Limpia no solo la herida, sino también la piel que la rodea.
No cubras la herida con gasas o curitas, para evitar que se peguen a la herida y para favorecer la ventilación, lo que ayudará en la cicatrización. Sólo será necesario cubrirla en caso que el niño vaya a salir a la calle y así prevenir que se ensucie.
4. Ten especial cuidado en lavar la herida 3 veces al día y aplicar nuevamente el ungüento antibiótico, y evita, dentro de lo posible, que la herida se moje.
5. Si siente mucho dolor o está molesto, puedes darle una dosis de ibuprofeno adecuada a su edad y peso.
Los primeros 2 días la herida puede estar hinchada y doler, a los 3 o 4 días pasarán los malestares, y terminará de cicatrizar hacia los 10 días.
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